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Sueños

Fuente de la imagen: www.cancionesmudas.blogspot.com
Sin sueños, la vida carecería de absoluto sentido. Puede haber existencia sin ellos, pero sería tan banal, tan monótona, tan aburrida… Que no se podría escribir sobre ella. Desde luego, y llegados a este punto, puedo afirmar casi rotundamente que sin sueños no habría escritores, no existiría la literatura, y tampoco la imaginación.
Resulta intrigante el poder que tenemos en el mundo. Sobre nosotros y sobre los demás. Podemos guiar una parte de nuestras vidas. Los sueños, además de ser efímeros, difíciles de alcanzar y tornar reales, son, contradictoriamente, nuestro mayor signo de estabilidad y seguridad. Porque es lo único que realmente podemos controlar. Lo único que depende directamente de nosotros mismos, de nuestra voluntad, predisposición y valentía para hacerlos realidad.
Hay quien no es consciente de ello y culpa a agentes externos de sus errores o fracasos. Estos agentes pueden ser otras personas o, mucho más místico, sucesos o acontecimientos recibidos de manera fortuita. No pueden estar más equivocados. Además, sus pensamientos se transmiten a otros y, generalmente, quién piensa esto está relegado al fracaso y a la infelicidad, o a la imposibilidad de alcanzar jamás un atisbo de felicidad.
En esta vida, sólo nos pertenecen los sueños. En definitiva, todos somos sueños realizados de otras personas. Por esta regla de tres, los nuestros están a un paso de formar parte de la realidad.  Sólo depende de cuánto creamos en nosotros mismos. 

Y el mayor bien es pequeño
que toda la vida es sueño
y los sueños,
sueños son.
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